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Edimburgo


La “Atenas del Norte”, por la Ilustración escocesa del siglo XVIII y su arquitectura neoclásica; la “Ciudad del Festival”, con sus 11 grandes festivales anuales; y la primera ciudad en ser nombrada “Ciudad de la Literatura” por la Unesco, con escritores de la talla de Arthur Conan Doyle o J.K. Rowling.

Escocia Escocia Escocia Escocia Escocia
Datos Útiles


País: Reino Unido
Idioma: Inglés
Zona Horaria: GMT +0
Moneda: EUR
Requisitos de entrada: DNI Válido

La Old Town. Trazada como la espina de un pez donde el castillo sería su cabeza y la cola el palacio de Holyroodhouse. Su calle más antigua y célebre: Royal Mile, la espina dorsal de donde discurren estrechos callejones y escaleras —como la conocida “The Scotsman Steps” que atesora 104 escalones de diferentes mármoles—. Esta calle se divide en cuatro tramos: Castle Hill, Lawnmarket, High Street (alma de la Old Town) y Canongate. Como recomendación, déjate llevar por sus callejones.

Construido sobre la colina volcánica Castle Rock se encuentra el Castillo de Edimburgo. En él podemos visitar las antiguas mazmorras; el Mons Meg, un cañón de asedio del siglo XV; la capilla de Santa Margarita, el edificio más antiguo de Edimburgo; la Piedra del Destino, poderoso y antiguo símbolo usado en la coronación de la monarquía escocesa, que se muestra junto a las joyas de la Corona en el Palacio Real; y escuchar —a la una de la tarde— el cañonazo proveniente del baluarte del Castillo, disparado con el objetivo de continuar con una tradición del siglo XIX que ayudaba a los marineros a poner los cronómetros en hora.

Sólo queda apuntar que “Historic Environment Scotland”, en el día de San Andrew (patrón de Escocia), ofrece la entrada gratuitamente. Eso sí, se ha de reservar en su web con antelación.

Descendiendo encontramos la catedral de Saint Giles, en High Street, que data del siglo XV en su mayor parte; sin embargo, fue sometida a una gran restauración en el siglo XIX. Escondida en la parte trasera de la catedral cabe destacar la Capilla del Cardo (the Thistle Chapel), construida en 1911 para los caballeros de la Orden del Cardo. Vale la pena admirar el techo repleto de detalles como, por ejemplo, unos ángeles tocando gaitas escocesas.

Cerca de la puerta oeste de Saint Giles podemos ver el Corazón de Midlothian. Este mosaico en forma de corazón se sitúa en el lugar donde, en el siglo XV, se encontraba el antiguo centro administrativo de la ciudad, la prisión y uno de los varios sitios de ejecución pública.

En la esquina de la Royal Mile y el Mound encontraremos la estatua de bronce de David Hume, donde todo aguerrido turista frota el dedo gordo del pie buscando fortuna para viajar o simplemente como tradición supersticiosa.  

Subiendo por los escalones del callejón The Vennel (desde Grassmarket) veremos la Flodden Wall, uno de los tres restos de muralla del siglo XVI que aún conserva Edimburgo. Sirvió como protección de la ciudad tras la derrota de los escoceses en 1513 por los ingleses en la batalla de Flodden Field.

Al pie de la Royal Mile y frente al Palacio Real de Holyroodhouse se ubica el Parlamento escocés, obra de arquitectura moderna proyectada por el arquitecto catalán Enric Miralles.

 

La New Town. A mediados del siglo XVIII, la ciudad estaba asolada por enfermedades, crímenes, hacinamiento y falta de saneamiento siendo insoportable para muchos de sus residentes —una recreación de aquella época puede ser vista en Real Mary King’s Close, 2 Warrinston’s Close—. Como solución, se decidió construir una nueva ciudad en el lado Norte del estancado Nor’Loch (donde actualmente están los jardines de Princes Street). De aquello hace ya 250 años.

El diseño original de James Craig no fue seguido; en su lugar, el Nor’Loch fue drenado y, en 1820,se construyó la sección final de la primera Ciudad Nueva: la afamada Charlotte Square de Robert Adam. Así, la New Town se convirtió en la nueva residencia de los ciudadanos más ilustres siendo hoy un hermoso ejemplo de arquitectura georgiana.

El tramo oriental de los jardines Princes Street está dominado por el imponente capitel gótico del monumento a Walter Scott (autor de Ivanhoe, entre tantos).

Si nos apetece ir de compras indudablemente estamos en la zona acertada. Los históricos almacenes Jenners, en Princes Street; los prestigiosos almacenes Harvey Nichols, cerca de la estación de autobuses; y si es domingo, ¡ojo!, una buena opción es acercarnos al mercado de Stockbridge (barrio contiguo a la New Town).

Para los amantes del arte europeo el Scottish National Gallery es un deber. Y un paseo por la dinámica Rose Street, un aliciente para tomar una pinta de cerveza o un whisky escocés.

Si subimos a otra de las siete colinas de Edimburgo, además de un gran mirador de la ciudad, Calton Hill, descubrimos el Monumento Nacional de Escocia; una construcción que pretendía recrear el Partenón pero la falta de fondos hizo que quedara inacabado desde 1829.

Hemos de ir aminorando marcha, pero cómo olvidarnos de una de las leyendas que atesora esta maravillosa ciudad. Por ello, cerramos los ojos para escucharla en la montaña y punto más alto de Edimburgo: Arthur’s Seat.  

“En julio de 1836, unos chicos que estaban cazando conejos en las laderas de Arthur’s Seat hicieron un extraño hallazgo: en un hueco bajo una roca, colocados sobre una pila de tejas de pizarra, había 17minúsculos ataúdes de madera. Cada uno medía solo 10 cm de largo y contenía una figura humana de tosca talla, vestida con ropa hecha a mano”.

Al parecer los féretros se hicieron en respuesta a los asesinatos que Burke y Hare efectuaron en 1831 y 1832: el número de ataúdes coincide con el de las víctimas. Estos inmigrantes irlandeses hicieron un negocio con la venta de cadáveres para su estudio en medicina. Estos misteriosos objetos pueden verse en el “Museo Nacional de Escocia”.

Y por supuesto, finalizamos viaje atracando en Leith. Puerto de Edimburgo desde el siglo XIV, a día de hoy se ha convertido en zona de ocio y meca de la gastronomía —cuenta con varios restaurantes con estrellas Michelin—. En el empedrado paseo marítimo original de Leith, The Shore, también encontraremos propuestas donde comer “bueno y barato” sin dejar de probar una de sus típicas sopas, el haggis o un pescado fresco escocés.

En el Ocean Terminal podemos ver amarrado el yate real “Britannia”, casa flotante de la familia real británica durante sus viajes al extranjero hasta 1997.

Tierra firme, baja la marea. Anotamos otro reclamo para el viajero: una excursión al pueblecito de Cramond y su isla. ¡Eso sí!, vigila los horarios de las mareas para no quedar aislado en la pasarela que lleva a la isla.

Deseamos que viajar a Edimburgo te inquiete y sea uno de tus próximos destinos. ¡Buen viaje!


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