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Pamplona, más allá de San Fermín


En la ribera de los ríos Arga,  Sadar y Elorz se erige Pamplona, una ciudad con más de 2.000 años de historia que durante 6 días en julio se convierte en la fiesta popular del mundo. Pero Pamplona es mucho más que San Fermín, es cultura, es paisajes, es gastronomía, es espiritualidad. Visitaremos la capital navarra en busca de los encantos que enamoran a tantos turistas que repiten la experiencia.

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Datos Útiles


País: España
Idioma: Castellano
Zona Horaria: GMT +1
Moneda: Euro
Requisitos de entrada: Ninguno

Caminando por las calles de Pamplona el viajero levantará continuamente la cabeza para contemplar la riqueza arquitectónica de la ciudad. Edificios neoclásicos como El Palacio de Navarra, barrocos como la Casa Consistorial o góticos como la Catedral de Santa María la Real, son un palpable ejemplo  del enorme y variado capital arquitectónico de Iruña.

Ruta del Camino de Santiago

La mítica y mística ruta que recorre el norte de España y parte de Europa hasta la Catedral de Santiago, que salvaguarda los restos del apóstol, cruza la ciudad de Pamplona. Recorrer el camino es una buena opción para hacer una primera toma de contacto de la ciudad y conocer un poco las zonas por donde nos moveremos.  El recorrido se inicia entrando por el puente de la Magdalena y continuando por el Baluarte del Redín hasta llegar al portal de Francia. Estando en el portal continuaremos por la calle del Carmen hasta llegar la Navarrería  que nos llevará hasta la Catedral. Allí nos dirigiremos a la calle Mercaderes hasta llegar a la Iglesia de San Cernín, que antiguamente era el albergue de los peregrinos.

Empalmamos por la calle Mayor para llegar al parque Vuelta del Castillo. Una vez atravesado el parque entraremos en la calle Fuente del Hierro, acabaremos llegando a la Universidad de Navarra donde solo nos faltará cruzar el puente de Acella para finalizar el tramo que cruza la ciudad de Pamplona.

Gastronomía

Lo más normal cuando tienes materias primas abundantes y de calidad es que los productos resultantes sean especialmente buenos. Esto mismo es lo que sucede con la gastronomía navarra. Desde las hortalizas y verduras  hasta pescados, carnes y lácteos conforman la base de deliciosas viandas.

Para saborear las delicias navarras podemos optar por varias opciones. Si rascando los bolsillos notamos que están bastante llenos tenemos la posibilidad de sentarnos en un restaurante de cocina tradicional y desabrocharnos el cinturón fara degustar las generosas y sabrosas raciones navarras. El restaurante Riau Riau, en la calle Monasterio Irache, es uno de los locales más representativos de la cocina tradicional navarra. Otro buen ejemplo es el restaurante Garralda en Martín Azpilicueta o el restaurante El Aralar en Castillo Maya son buenos lugares que combinan bastante bien el binomio calidad/precio.

Otra opción es irse de pinchos, una práctica muy habitual en Pamplona, hermana del tan ibérico tapeo. Los pinchos han evolucionado mucho, y se ha convertido en toda una religión en Pamplona. Entre abril y mayo se celebra la Semana del Pincho, donde los locales intentan sorprender a clientes y jurado con pinchos que combinan el sabor y la originalidad. Para irse de pinchos lo más recomendable es pasearse por el casco antiguo de la ciudad con el olfato bien atento y dejarse llevar por donde emanen los olores más apetecibles. Las inmediaciones de la Plaza del Castillo son un vergel de pequeños locales donde sirven los tradicionales pinchos.

Pequeños escondites

Pamplona también esconde pequeños rincones para relajarnos y digerir los guisos y pinchos que hayamos degustado.  Entre los barrios de San Juan y Ermitagaña encontraremos unos jardines de inspiración oriental, el Parque Yamaguchi. Con motivo del hermanamiento de Pamplona y la ciudad japonesa de Yamaguchi se construyó este parque con la ayuda de paisajistas nipones. Los jardines rezuman paz, tranquilidad y espiritualidad. Uno puede pasear por los 85.000m2 de variada vegetación y encontrarse con un pequeño estanque con fuentes,  un kiosko de inspiración japonesa y pequeños puentes para cruzar los riachuelos que surten de agua el parque.

Otro rincón que merece la pena ser visitado es el bar mesón Caballo Blanco. Situado entre la plaza San José y la Catedral de Santa María la Real, el Caballo Blanco es la parte superior del Bastión del Redín la antigua fortaleza de la ciudad. Desde las terrazas del bar mesón podemos observar las mejores vistas de la capital navarra mientras tomamos un refrigerio. Es muy probable que coincidamos con algún peregrino reponiendo energías, dado que la entrada a la ciudad del Camino de Santiago, se encuentra a escasos metros de la zona.

Pamplona es una ciudad que rezuma fuerza. Desde su gastronomía a sus fiestas populares, Pamplona se caracteriza por ofrecer al viajero una experiencia fuerte e intensa. Las experiencias vividas en esta ciudad no se olvidan fácilmente, el sabor de su txistorra o el cordero al chilindrón, notar los bramidos de un morlaco en el cogote, degustar un Idiazábal en la Plaza del Castillo o beberse una copita de vino rosado admirando la ciudad desde la ronda Barbazana, son estas las sensaciones que enamoraron a Hemingway en su época.  Quizá sea esta la razón por la cual los visitantes no se resisten a repetir la experiencia.

Links oficiales:

http://www.semanadelpincho.es/
http://www.turismodepamplona.es/
http://www.navarra.com/


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